viernes, 21 de noviembre de 2014
Programa 33 - "La vida sin problemas, es perder el tiempo a lo bobo"
Emitido el 20 de Novieimbre 2014
Conversamos con Mario Santucho, editor de la revista Crisis e integrante del Instituto de Investigación y Experimentación Política, sobre la situación del juicio por el asesinato del joven militante del MoCaSE Cristian Ferreyra.
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Crónica de la segunda semana del juicio de Monte Quemado
SENSACIÓN DE ASPEREZA
por Instituto de Investigación y Experimentación Política (iiep.com.ar)
La segunda semana del juicio por el asesinato de Cristian Ferreyra estuvo marcada por tres episodios claves: las polémicas decisiones del tribunal, las esperadas declaraciones de dos referentes del MoCaSe como son Angel Strapazzón y Cariló Olaiz, y las desafiantes declaraciones de tres de los imputados pertenecientes a la banda parapolicial acusada de amenazas y hostigamientos contra los campesinos, que operaba bajo las ordenes del agro-empresario Jorge Ciccioli.
Clavar la mirada
Al finalizar la jornada del martes 11, cuarta audiencia del proceso, un malestar generalizado circulaba entre los campesinos y familiares de las victimas apostados en las afueras del salón de eventos donde sesiona el juicio diariamente. “El tribunal es hostil a la causa”, se decía en una de las conversaciones.
Durante el día brindaron testimonio varios jóvenes, algunos de ellos menores de edad, a los que la jueza Elida Suárez de Bravo les negó el derecho, pedido por sus representantes legales, a declarar sin la presencia de los acusados. El rechazo de la petición se hizo en dos ocasiones (durante la sesión de la mañana y la tarde), y causó mucha tensión entre los presentes en la audiencia y en los propios jóvenes que se vieron obligados a describir los hostigamientos hacia la comunidad campesina a los que el grupo armado contratado por Ciccioli tenía sometidos, en presencia de los acusados.
La petición del abogado querellante Oscar Rodríguez fue acompañada de una larga fundamentación. Apelando a la Convención de los derechos de los niños y al derecho internacional, planteó lo que a fin de cuentas se hizo manifiesto: que la presencia de los imputados intimidaría a los jóvenes. La respuesta de la Presidenta del Tribunal fue que los niños no son técnicamente víctimas sino testigos y por lo tanto no tendrían por qué intimidarse, desestimando el pedido con la venia del fiscal y la defensa.
En este escenario ingresó José Ezequiel Ferreira (14), sobrino de Cristian, a dar su testimonio. José Ezequiel dijo que vio en varias oportunidades a Francisco Javier Juárez en casa Fabucho Palomo, capataz del empresario Jorge Ciccioli, quien vivía en frente de la escuela. Juárez los seguía al salir de clases hacia sus casas. En el camino, desde su moto o camioneta, lanzaba amenazas de muerte contra ellos y sus familias. Al terminar su relato, mientras de retiraba, tuvo que pasas enfrente de los acusados. El muchacho clavó su mirada sobre Juárez por unos segundos, antes de salir de la sala.
Filosofía campesina
Uno de los momentos más esperados por los integrantes del MoCaSe fue la intervención de Ángel Strapazzón (58), uno de los fundadores del movimiento allá por agosto del año 1990. En las afueras, desde temprano, se organiza una fila para ingresar al salón pero quedan muchos con ganas de entrar, porque la capacidad del recinto solo admite 80 personas. Los que pudieron ingresar se enteran, en el momento de las presentaciones, que el primer nombre de Strapazzón es Egidio. Y que cursó estudios de filosofía, teología y pedagogía.
La intervención de Ángel describe el funcionamiento del movimiento, en un recorrido histórico desde sus inicios hasta la actualidad. Poniendo énfasis en el entramado comunitario que sostiene al movimiento, que lo construye por atrás, muestra que tanto su composición como sus formas organizativas son muy diversas. Y no responde a estructuras jerarquizadas de poder. Plantea la necesidad de reconocer y dar mayor importancia en el mundo de hoya a la inteligencia campesina. “Lo que se ha avanzado en reconocimiento hacia el campesinado y los pueblos indígenas se debe al resurgimiento de la organización campesina, de la cuál el MoCaSe fue un actor fundamental, junto con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC), la vía campesina (VC), el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), entre otros. La importancia histórica de este juicio consiste en construir el reconocimiento ético del campesinado, la importancia social de su existencia, crecimiento y expansión, frente a una lógica industrial que es ultra-rentable pero insostenible y asesina. Plantea que para lograr este salto político hay mucho por hacer, por parte de los movimientos sociales, del estado y de la sociedad civil. El asesinato de Cristian, en este contexto, no es un hecho aislado, pues lo que se está poniendo en discusión es el tema del hambre, la formas de producir alimentos, la soberanía alimentaria.
Al igual que el discurso de Strapazzón, la muy esperada intervención del ingeniero agrónomo Cariló Olais (37) generó aplausos entre los presentes, que obligaron a la presidenta del tribunal a llamar al orden y el silencio. Cariló, ingeniero agrónomo de profesión, trabajó con Cristian en la construcción de colectores de agua (aljibes) en los parajes de San Antonio. Su relato hizo hincapié en el avance de la frontera de los agro-negocios en la zona. Y los conflictos que los alambrados y desmontes han generado durante los últimos años. La preocupación de los campesinos es que los desmontes van dejando al ganado sin comida y a ellos mismos sin madera, recurso fundamental para el trabajo hachero de fabricación de postes. Él mismo participo en una serie de denuncias por estos hechos ante la Dirección General de Bosques y Fauna.
Las preguntas de la defensa sumieron al debate en una discusión clave, sobre la propiedad de la tierra y las formas de vida comunitarias. Los abogados le preguntaron a Olais si reconoce, a partir de su sapiencia profesional, que campo San Bernardo (reclamado por Ciccioli como propio) y Campo de Mayo son propiedades distintas. El ingeniero respondió que nunca habló de propiedades sino de parajes. El paraje es un caserío que alrededor tiene un territorio (monte) en donde el ganado puede alimentarse y es posible extraer madera. Para reclamar la propiedad de la tierra se necesita un título de dominio y una posesión efectiva de la tierra. Lo campesinos no suelen poseer los títulos de dominio, pero existen otras formas legales para determinar la posesión pública de esas tierras, en este caso el relevamiento como comunidad indígena. Para la propiedad privada existe un límite que es el alambrado, pero para el uso comunitario no hay un límite, por eso los animales pueden ir de un paraje a otro buscando alimento, pero siempre vuelven a su aguada.
Los planes de desmonte, resalta Cariló, sólo se detuvieron después de la muerte de Cristian por un lapso de 6 meses en toda la provincia, “el Estado tuvo que esperar a que muera alguien para tomar una medida”, sentenció.
Solo sé que no hice nada
El momento más duro de la segunda semana del juicio se vivió, sin dudas, el jueves 13 a la mañana, casi al cierre de la última sesión, cuando los abogados defensores pidieron al tribunal citar a declarar a tres de los acusados pertenecientes a la banda parapolicial que trabajaba para el empresario Ciccioli.
Las intervenciones de Walter Juárez, Víctor Hugo Juárez y Mario René Abregú fueron prácticamente las mismas, al igual que las preguntas de la fiscalía y la defensa. Los acusados se negaron a aceptar preguntas de los abogados de la parte querellante y ofrecen, de modo desafiante, carearse con cualquiera de las personas que los denuncian. Dicen no entender qué hacen ahí, que hasta ahora durante el juicio no se les ha imputado nada y que no entienden de qué se los acusa. Víctor Hugo señala que estuvo prófugo por no dejar solos a sus padres no videntes y alega inocencia diciendo: “que Dios perdone a la gente que me acusa”. Dicen también no entender el enojo y la enemistad de algunas personas que testificaron en su contra, que no tienen motivos para amenazar ni agredir a nadie y que a Ciccioli lo conocieron recién después de la muerte de Cristian.
Las declaraciones causaron mucha irritación en el público presente en la sala, en su mayoría miembros del Mocase y familiares de las víctimas. La tensión fue aumentando y una vez concluida la audiencia, que se reanudará el próximo martes 18, terminó por desbordar. La madre de Cristian lanzó un grito desgarrador: “yo me voy a carear contigo”. Y estalló en llanto. Afuera, los familiares y militantes del Mocase estaban agitados, los cantos se escuchan cada vez más fuertes y comenzaron a sacudir las vallas. Ha sido un término de semana muy áspero, pero las energías siguen intactas. “Ya llegará el momento de hacer evaluaciones, por ahora hay que seguir apoyando a los compañeros”. Es la consigna.
jueves, 13 de noviembre de 2014
lunes, 3 de noviembre de 2014
Programa 31
Programa emitido el 27 de Septiembre de 2014, por El Aprendiz Radio
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EN ESTE PROGRAMA DE HOY:
Conversamos con Lucía Scrimini sobre la
situación de Reina Maraz y su injusta condena
situación de Reina Maraz y su injusta condena
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Te contamos de qué se trata el Portal de Emprendedores del CFP24,
que abre sus puertas el próximo Jueves 6 de Noviembre!
que abre sus puertas el próximo Jueves 6 de Noviembre!
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Nuevo bloque: inauguramos la sección ¨Pancho te recomienda"
que nos trae algunos libritos para leer!
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Y además, te traemos la agenda de la semana:
Qué dirán los vecinos con la Expo del Aprendiz, Charlas,
Feria, Milonga, Noche de vinilos y tanto más!
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Y además, te traemos la agenda de la semana:
Qué dirán los vecinos con la Expo del Aprendiz, Charlas,
Feria, Milonga, Noche de vinilos y tanto más!
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/ 29 October 2014
Cosecha Roja.-
Condenaron a cadena perpetua a Reina Maraz, la mujer que estuvo tres años presa con su bebé sin entender por qué: es boliviana, habla quechua y nadie le explicó en su idioma de qué la acusaban. La semana pasada empezó el juicio y fue la primera vez que pudo dar testimonio en su lengua materna. La condenaron por haber asesinado a Límber Santos, su esposo, en 2010. La defensa dijo que no hay pruebas e insistió en que la mujer está en una situación de vulnerabilidad: es migrante, aborigen, pobre, analfabeta y sufría violencia de género.
Antes de la sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal 1 de Quilmes, había esperanzas de que “las juezas hayan escuchado la voz de Reina, que hayan internalizado la perspectiva de derechos humanos que contiene el caso”. Lo dijo a Cosecha Roja Margarita Jarque, directora de Litigio Estratégico de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM).
En la primera audiencia la jueza Silvia Etchemendi dijo en castellano: “lo que el artículo dice es que usted tiene derecho a negarse a declarar sin que esto sea valorado como una prueba en contra suya. Le pido a la intérprete que le traduzca”. Silencio en la sala. La traductora, Frida Rojas, habló con la acusada. Nadie entendió nada: lo mismo que le pasó a Reina durante los tres años que estuvo presa. “Quiero aclarar algo de nuestra lengua. Lo corporal y la acentuación dicen cosas, es distinto. Asentir con la cabeza significa ‘te escucho, te respeto’, no quiere decir ‘te entiendo’ ni ‘estoy de acuerdo’”, explicó.
A Reina la detuvieron en 2010. Estaba embarazada y pasó siete meses en una comisaría. Después la trasladaron a la Unidad 33 de Los Hornos, en La Plata, donde nació su tercer hijo. Con el más grande -que tenía 5 cuando fue el asesinato- no se hablaba porque estaba con los padres de Límber. Con el más chico -que tenía 3- hablaba por teléfono algunas veces a la semana.
En 2011, la Comisión Provincial por la Memoria la encontró durante un monitoreo en lugares de encierro. “Estábamos haciendo entrevistas: así apareció Reina y el conflicto con el idioma”, contó Jarque. Desde entonces la visitaron varias veces con la intérprete. En abril de 2012 lograron que el Juzgado de Garantías Nº 6 de Quilmes anule la audiencia en la que Reina había declarado y pidieron que se tomara una nueva indagatoria con una traductora. “El tribunal aceptó por una orden de la Corte de la Provincia”, dijo Jarque. La CPM pretende que el caso de Reina sea un antes y un después y pidió a la Corte que implemente un registro de intérpretes de lenguas originarias. En septiembre del 2013 fue la primera vez que alguien del TOC Nº1 le explicó a Reina la situación procesal en su lengua materna.
La hipótesis del fiscal Fernando Celesia es que ella asesinó a Límber con Tito Vilca -un acusado que murió en prisión-. Entre los dos los ahorcaron con un toallón para robarle mil pesos que guardaba en un zapato: era para pagar una deuda que tenía con su hermana. “Sabían que esa plata estaba ahí”, dijo el fiscal. Después ocultaron el cuerpo y Reina fue a la comisaría a denunciar el extravío de su marido “para autoencubrirse”. Los delitos de los que la acusa son “robo agravado por convicción en despoblado y en banda” y “homicidio agravado por estar premeditado”. Además, agregó “uso de arma impropia” por utilizar “el toallón a modo de porra”. Por eso pidió perpetua.
El defensor José María Mastronardi pidió la absolución porque “no hay pruebas”. Según lo que contó Reina, al relato del fiscal le faltan partes. Durante el juicio declararon la familia de Limber (padre, hermana y tía), el comisario que estuvo ese día (que dijo que hablaban perfecto castellano), un testigo civil (que dijo que se comunicaban en quechua) y la administradora del lugar en donde trabajaban (“no decían más que hola y chau”). También habló el vicecónsul de Bolivia y relató un diálogo con Tito cuando estaba preso en el que el hombre se autoincriminaba.
En la causa se incluyó una declaración en Cámara Gesell que dio el hijo más grande de Reina cuando tenía 6 años. La defensa pidió que se anule: “Fue sin presencia de psicólogas, sin lenguaje simbólico, sin el juego del niño, duró sólo 20 minutos y fue con un método inductivo”, dijo la directora de Litigio Estratégico del CPM. Sobre esa prueba, opinaron tres peritos psicológicos. “Nosotros creemos que de caerse esa prueba, no hay ninguna sólida que demuestre culpabilidad”, dijo Jarque.
“Saludo con respeto a ustedes”, dijo Reina en un castellano precario en la primera audiencia del juicio. Después comenzó el relato en su lengua y lo primero que dijo fue que confía en Dios. Cada tanto se detenía y la intérprete traducía: conoció a Límber en Avichuca, una comunidad kichwua cerca de Sucre, en Bolivia. “Éramos hermanos de la misma religión”, dijo. “Cuando se emborrachaba me pegaba. En el campo no es fácil vivir, solo dios sabe lo que pasa ahí”, contó. Él fue el primero en venir a la Argentina. Vino en busca de trabajo y plata pero cuando volvió a Bolivia llegó “con 25 centavos en el bolso”. El hijo menor estaba enfermo y Reina cocinaba para una feria para mantenerse. “A él no le importaba”, contó.
Reina nunca quiso venir a la Argentina, pero él la obligó: “Se llevaba a mis guaguas, yo tuve que venir”. Llegaron en 2009. Primero vivieron en lo de la hermana de Limber. Ahí, la maltrataban todos: Limber, la hermana y el padre. Ella no entendía nada: ni cómo comunicarse ni cómo cocinar. “Nosotros allá cocinamos distinto”, contó. Después se mudaron a lo de un tío y, ahí, un día “Limber se volvió loco y me quería matar”. Rompió todo lo que encontró: vajilla, ropa, todo. “Yo igual lo quería a él”, dijo con la voz entrecortada. “Si hubiera conocido una comisaría, iba”, dijo.
Más tarde se mudaron a “los hornos de Chacho”, en Florencio Varela: ahí vivían en una pieza sin baño. Límber trabajaba en la fábrica de ladrillo. Tito era un amigo con el que iban a las bailantas de Liners y con quien Limber tenía una deuda. Ella no sabe de cuánto ni por qué. Sólo sabe que su marido y Tito desaparecían varios días, se iban de gira. Una madrugada Tito llegó sin Limber y le dijo a Reina: “Tu marido tiene una deuda conmigo”. Y la violó.
Límber volvió recién a las dos de la tarde. “¿Por qué me mandaste a Tito? ¿Por qué no me avisaste lo que pasaba?”, reclamó ella. La respuesta de él fue golpearla hasta que perdió el conocimiento. El último día que vio a su marido se habian levantado a las 4 de la mañana para preparar la plata que le llevaría Límber a su hermana. Ella lo ayudó a ponerla en el zapato. En plena oscuridad apareció Tito: “devolveme mi dinero, tengo mi mujer y mi familia”, gritaba. Y se agarraron a las trompadas. La dejaron adentro de la casa: “pelearon entre ellos, entre hombres. Esa fue la última vez que vi a mi marido”. El cuerpo apareció enterrado a un metro de profundidad en el terreno donde vivían. Tito fue preso y murió antes del juicio.
En la audiencia estuvieron presentes Adolfo Pérez Esquivel (Comisión Provincial por la Memoria) y el embajador de Bolivia en Argentina, Liborio Flores Enríquez.
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