miércoles, 18 de diciembre de 2013

PROGRAMA 7 - Territorio escuela


Programa emitido el 12-12-2013, por El Aprendiz Radio CFP24






Territorio escuela
La repetición ha preocupado desde siempre a los pedagogos, maestros y pensadores de la educación.  Fenómeno que tomado a la ligera, pasa por análisis improductivos sin ser problematizado lo suficiente. Esa “ligereza” intuimos no es inocencia sino operatoria. Eficacia de un aparato que intenta reproducir un orden sobre la multiplicidad de la vida que roza. Tanto más eficaz cuanto más liviano anda por nuestros intercambios verbales y nuestros campos perceptivos.

Así es que se sigue redundando en las escuelas cual muletilla miles de dichos y frases que, sordas a escuchar lo que realmente dicen ni a cuestionar sus sentidos, muy por el contrario los refuerzan, y de esta manera reproducen clichés y automatismos que contribuyen a perpetuar un estado de cosas.  No se trata de dominación o por lo menos no de la manera “clásica”, sino de perpetuación por  obviedad.

“Repetir”, para el dispositivo escolar clásico es el peor de los estigmas pero, qué pasa cuando, como en estos días en nuestro CFP, la repetición lejos de ser un bochorno es un clamor?.

Qué es repetir, nos preguntamos en una escuela de oficios, donde los concurrentes son personas adultas que supuestamente vienen a buscar un hipotético saber que los habilite a realizar alguna actividad rentable a futuro?.

Si la eficacia de la escuela estuvo (si, en tiempo pasado) en habilitar un futuro (laboral), el dispositivo se desmorona si el habitante del mismo no lo ocupa de la manera esperada. Tal parece ser el caso cuando en vez de solicitar el Título habilitante se reclama permanencia.

En el transcurso de la cursada empiezan a abrirse campos de vivencias que piden ser repetidos. Se repite como todo cierre de ciclo y cada vez con mayor insistencia, el pedido de repetición.

Qué se quiere repetir en esa repetición?.

Como dijimos, si la eficacia del dispositivo escolar, que es prometer un futuro en la sociedad (que fue en su momento la sociedad del trabajo), parece que la escuela entonces en estos tiempos se  desvaneciera no tanto (o solamente) por ineficacia práctica sino por aparición de algo innombrable, anónimo que se hace presente en el presente sin futuro que ahora es la escuela, transmutándolo todo casi imperceptible pero muy radicalmente.

Resulta que en el armado de vínculos, las vivencias conmueven, las posibilidades y ganas de volver a experimentar se renuevan y van abonando un deseo que crece, el de quedarse, el de continuar. Ya sin imágenes de futuro certeras, el presente se ensancha, hasta su formulación final en el pedido de repetición. Repetición que se afirma en un presente en estado de no futuro, pero que paradójicamente algo habilita. 

Pero qué presente es este presente que se pide repetir?.

Si la escuela pedía el presente (en estado de rendición de sus sujetos) para amasar un futuro promisorio, qué presente se amasa en tiempo presente?.

Repetición como estigma de lo escolar, que se transforma en un volver a hacer algo, una demanda hacia adentro y hacia afuera, y en preguntas que quedan flotando: cómo me/nos quedo/amos? En qué queremos quedarnos?.

En verdad, repetir es imposible, hay algo de la diferencia que se presenta, entra una movilidad y hace experiencia. Se repite la repetición o se repite el diferir?.  No se pide más de lo mismo, sino un contacto con algo que nos modificó, se pide entonces la mutación que es la condición terapéutica saludable de la experiencia.

Se solicita lo moviente.  La vida para seguir siendo vida necesita mutar, variar, dejar de ser como identidad fija para seguir siendo. Repetitividad de lo irrepetible. Clamor de la vida por lo abierto.
Preocupa la repetición cuando es a-problemática, cuando identidades sueltas y cerradas buscan el propio interés y se “cierran” transformando en demandas, a veces incluso grupales, armándose como un paquete repitente, clausurándole la posibilidad de que otros hagan experiencia y clausurándoselas al propio grupo solicitador.

Versión grupal de una apropiación  individual? Experiencias que se vuelven voracidad de consumo?. No sabemos, pero tenemos que estar atentos a intervenir en estos flujos casi inconscientes de formaciones cristalizadas que transforman en demandas, procesos indescriptibles e irrepetibles, que pueden contribuir a renovar un narcisismo escolar hoy muy en baja, pero que sobre todo coartan la posibilidad de la experiencia misma (esa que se reclama “repetir”).

La paradoja que instala la demanda de repetición de una experiencia, no solo mata la posibilidad de la experiencia sino que pone en peligro, la condición misma en la que se asienta la experiencia que es el suelo común en la que se ofrece.  Lo que nombramos como kioscos-runflas.

Esas células que desprendidas de la condición común, que es el terreno donde germina la experiencia, 
transforman en demandas lo que encuentran, despolitizando esas condiciones de posibilidad de apertura que hace que la misma tenga lugar.

Un territorio común viabiliza intercambios inéditos que son los que en ciertas rutinas abren la experiencia. Territorio común que se conquista por desorganización del existente, pero que si se reclama como “propio” desfallece la experiencia en su intento de reapropiación y reorganización.

La escuela dejó ya de ser el lugar donde se construye el futuro, donde se abandona el presente a manos de las ideas del futuro, para ser paradójicamente el sitio donde se amasa un presente en tiempo presente. 

Ese presente no es el presente que se doblega a imágenes de futuro, pero (y por eso) puede ser el que hace la experiencia de un tiempo espacializado, y conquistamos así un disfrute que es la condición de una intuición que se ensancha, una comprensión por reinvención, una duración que es la elaboración incesante de lo nuevo, pero que cuando se lo quiere representar, se convierte en una demanda de espacio, una tendencia a apropiarse de un territorio para dominarlo.

O acaso no es eso lo que vemos continuamente en la actualidad en los territorios donde conviven el transa con los consumidores, con las prostitutas, con la cana, con “la campora”, con la iglesia, con el estado convertido en plan social, con el movimiento social, con los vecinos, etc. etc.?. (El Instituto de Investigaciones y Experimentación Política de La Cazona de Flores denomina a esto “Nueva conflictividad social”).

Fuera del territorio soberano de la Ley, desfondado su suelo, que lógicas se arman? Tenemos ojos para ver esos armados?. La escuela no está exenta por supuesto de estos tejidos “promiscuos”.

La escuela fue el espacio donde se ejerció la dominación de unos “sabedores” sobre otros “ignorantes” por delegación estatal, esta operatoria de dominación sobre las subjetividades se ha (por suerte) desvanecido por lo menos de manera hegemónica,  para abrirse al malestar ambiente y/o a los intercambios inéditos.

Una escuela puede intentar (en vano) rehuir a este tiempo e instalarse en la queja y la repetición estéril, o hacerse en la operatoria de deshacerse, y ofrecer así un campo de experimentación (común), con el potencial despliegue de capacidades y con el riesgo también de convertir el territorio escuela en una proliferación de kioscos desprendidos ya de esa común disposición, para ser terreno de disputa de lógicas “mafiosas”. Cual “bandas” se instalan códigos y lógicas que disputan el territorio escuela, o mejor dicho una escuela devenida ahora “territorio”.

No es cuestión de moralizar sino de percibir esas lógicas que nos conviven.

La condición de época parece que nos marca como un horizonte casi infranqueable al que tenemos que 
intentar derribar (o por lo menos arribar) estos universos transas, para que la politización devenga posibilidad de experimentación y no solo disputa territorial ni retorica estatal impotente.
Se ha instalado en estos tiempos una silenciosa “guerra de modos de vida” que es más eficaz cuanto más naturalizada se nos presenta, y la escuela no está exenta por supuesto a ello, y más bien como expresión de las dinámicas sociales, es un sitio de privilegio para dar cuenta (problemáticamente) de estas lógicas y entramados.

Nuestro ya congénito individualismo es un límite también que no podemos eludir y que se presenta como el principal campo de batalla de esa lógica común que se nos desvanece.

Pensamos entonces la repetición como algo que retorna  con cierta persistencia, con regularidad, y se nos presenta como condición de la creación que es casi un antídoto de la repetición. Esta creación se hace posible sobre la base de la constancia que posibilita el encuentro. Encuentro que al contrario del sentido común, no es un encontrarse con lo mismo sino con algo que nos permita de alguna manera, ser otros, tomando contacto con nuestra potencia de actuar.

Podemos decir que hay un peligro siempre latente cuando queremos representar una experiencia. Nuestra inclinación a representarnos como elementos fijos cosas que son mutables, que actúan en el tiempo, convierten esas representaciones en espacios. Si una experiencia que se representa se hace espacio, entonces esos espacios se hacen disputables, reclamables.

Esas permanencias de la creación en el hacer con otros abren la posibilidad de la experiencia, casi una mixtura alquímica en el caldero que es la escuela, ofreciéndose en sus espacios que se van de esta manera vaciando para dar lugar a lo incalculable de una genuina experiencia. Espacios de experimentación que requieren del intento permanente de sostener la espera, alquimia, magia, misterio de lo no controlado que aparece sin permiso y deja como una estela un destello con ganas de más. Esa “algo más” no es más de lo mismo sino ese contacto con lo irrepetible.

Decíamos “amar el tiempo de los intentos” porque es en esa insistencia que aparecen los desvíos necesarios para que una verdadera experiencia consista, y entregar y entregarse como la mejor pieza, esa que el maestro alfarero dona para ser destruida, aguardando que el contacto se convierta no en repetición sino en fecundación.

Si la escuela deja de ser el tiempo de forja de la obediencia, en qué deviene?. En eso estamos…

Si dejó ya de ser el campo de la opresión, la pregunta por los intercambios deviene incesante, abierta, inconclusa, o se convierte en runfla.

Hay que “perder” algo de tiempo para que aparezcan otras cosas dijimos en alguna “ventana”, por fuera del reloj capitalista,  ya que el tiempo normal es el de la dominación, ese que nos marca el paso todo el tiempo, y animarse a politizar este concepto regidor de vidas tomadas, sin que se conviertan en mini conquistas de espacios que se van apropiando por sobre el suelo vacío de la dominación disciplinar.

Múltiples runflas conviven hoy en un espacio sin dominancia clara ni perpetua, donde también encontramos mucho docente “runfla” en las escuelas intentando hacer “la suya”.

El peligro es pasar de la escuela disciplinar a la escuela runfla.

Nuestro mayor peligro es la desproblematización.

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